
Hace unos días al bucear entre mi correo electrónico detecté un mensaje mandado por mí a algunos amigos y familiares cuya lectura me transportó a los días adversos previos a su realización. El mensaje data del 31 de marzo del 2008.
"Hola! Al fin todo correcto después de seis largas jornadas de pruebas fallidas. Ya tengo internet y teléfono. No obstante, la tarde de ayer fue una pesadilla. Amenacé a los técnicos con darme de baja al no entender porqué no me mandaban un profesional por segunda vez, en vez de hacerme los diez mil metros lisos desde la habitación donde tengo el ordenador hasta el salón, dependencia en la que se encuentra el router. El técnico de turno me solicitó paciencia. “Siga usted los sencillísimos pasos que le doy para la conexión de su instalación de ADSL…” Tecleé una clave de veintiséis dígitos cuarenta veces en la pantalla de mi personal computer, como no la aceptaba la comprobé otras cuarenta, y de aquí allí, de allí aquí, y agáchate que no lo veo bien, ¡Javi, ayúdame que no puedo sostener el móvil a la vez! El gilipollas de la compañía de teléfonos, que apenas me entendía, ni yo a él, pues no se qué acento extraño tenía, me pedía ejecutar cosas de las que nunca había oído hablar, como si fuera lo más normal del mundo. Y claro, al no haber entendimiento sentí todo el peso de la impotencia y de la ignorancia sobre los hombros y me acordé del maldito sudaca ex combatiente en Irak y Kosovo, paracaidista, entrenado para matar a una persona de sesenta maneras diferentes (todo esto fue lo que me contó el profesional enviado a casa por la compañía) pero que no fue capaz de hacerme como Dios manda, una, se supone, sencilla instalación de internet que están realizando a todas horas. Me entraron ganas de llorar, “¡Porqué siempre me pasa esto a mí! ¡Si todos tienen internet menos yo, y una vez que me decido...! Los niños se pegaban por una DS sin dejarme oír claramente al técnico. Entonces me acordé de la película "Un día de furia" protagonizada por Michael Douglas, en la que se lía a tiros por toda la ciudad harto de que le tomen el pelo. Como consecuencia los proyectiles salieron de mi boca impulsados por una sorprendente potencia y a mi interlocutor no se le ocurría otra cosa que decir: "Señora María Francisca, por favor, no hace falta gritar." Algo que me pareció el colmo de la estupidez, por lo que evidentemente le colgué el teléfono.
Más calmada ya, volví a llamar otra vez al 902 correspondiente esperando oír otra voz parecida a la anterior, con seguridad, extranjera. Y cuál fue mi sorpresa al escuchar una dulce voz femenina sin el disfraz de ningún acento, que me explicó todo como se debía haber hecho desde el principio, dejando a la altura del barro a todos sus gañanes compañeros de trabajo. Tan agradecida quedé al ver la pantalla del monitor ostentando la página de Google que me despedí al punto sumisa, al punto deseosa de demostrar mi devoción aún sabiendo que no existían las palabras que expresaran el alivio tan grande que sentí en ese momento.
Señorita, le beso los pies"
Más calmada ya, volví a llamar otra vez al 902 correspondiente esperando oír otra voz parecida a la anterior, con seguridad, extranjera. Y cuál fue mi sorpresa al escuchar una dulce voz femenina sin el disfraz de ningún acento, que me explicó todo como se debía haber hecho desde el principio, dejando a la altura del barro a todos sus gañanes compañeros de trabajo. Tan agradecida quedé al ver la pantalla del monitor ostentando la página de Google que me despedí al punto sumisa, al punto deseosa de demostrar mi devoción aún sabiendo que no existían las palabras que expresaran el alivio tan grande que sentí en ese momento.
Señorita, le beso los pies"

13 comentarios:
¿Quien no ha tenido ganas de sacar una escopeta de cañones recortados de debajo del abrigo y empezar a pegar tiros?
Pero no somos nada. Una ventana de google, un trato digno, una caricia en el hombro, una buena canción... y ayy, ya me siento mejor.
Un besazo enorme.
Hola Fuente de sed.
Te aseguro que aquella vez bien podía haber cometido cualquier locura. A veces oigo que un vecino a matado a otro por que no podía dormir, o que una madre ha tirado a su bebé por la ventana. Y es que el desquiciamiento puede ser tan grande...Nos salva la educación recibida, eso y que no tenemos armas en casa, como los americanos, Ja...Ja...Ja...¿te imaginas?
Es un lujazo verte por aquí.
Buenooooooooo, no te lo vas a creer pero a mí me paso algo parecido con los de ABLE (reconvertidos a ONO) la primera vez que me quedé sin conexion por cambiar de tarifa. Me da vergüenza confesar que grité como una energúmena al "técnico" que me atendió por teléfono. En mi caso, él me colgó a mi. Luego, en mi siguiente llamada, me atendió una amable (y preparada) chica.Cuando me arreglo el problema,le pedí su teléfono, con castas intenciones, pero no quiso dármelo. En fin, que no se me estropee más...
Hola Mavi.
Debe ser que la chica buena se la reservan a las histéricas, ja,ja,ja... En mi caso existía el agravante de que nunca me había conectado a internet, ni sabía del funcionamiento de un ordenador, por lo que todo me sonaba a chino, mi pareja estaba igual de pez que yo, o peor, pues él tampoco sabía escribir con el teclado, tenía que ir buscando las letras una a una, vamos un cuadro, pero de los grandes. Menos mal que todo ha pasado y ahora me puedo reir.
Nos vemos pronts.
Michael Douglas tenía toda la razón.
Hola David.
Veo que coneces de qué va el tema.
Has visto la peli? Es curiosa, no es un gran film pero es bastante curioso que todos nos veamos reflejados en su personaje. Sobre todo los que vivimos en la city.
Un abrazo bloguero y hasta pronto. Te veo en el blog.
A veces la paciencia es una virtud que los demás deciden convertir en animal en vías de extinción y lo peor es que encima el mal sabor de boca y la sensación de “culpabilidad” suele quedarse en manos del ofendido.
A veces somos “muy “peculiares”.
Besos.
Hola Javier.
No te puedes imaginar el desquiciamiento al que fuí sometida aquellos días. Pienso en una persona mayor, por ejemplo, que no entiende nada de informática y en su vida ha cogido el ratón, a principios de este año hice un cursillo en el que la mayoría de los asistentes estaban en esas condiciones. Hubo un señor que abandonó las clases porque no podía coger el ritmo.
El servicio técnico en las compañías de teléfono tiene que mejorar y dar por sentado que el cliente puede no saber nada de estos temas, y que no se le puede hablar en la terminología que suelen emplear. Con algo más de cercanía y de ponerse en el lugar del otro podríamos entendernos mejor. ¿No crees?
Te creo y te entiendo...ese "a veces somos" se refiere al otro lado que nos atenaza de esperas , normas, reales decretos , pólizas palizas y demás requisitos.
Añoro Atapuerca.
Besazo
Opino como Javioer Jerque a veces la paciencia es una virtud y a veces yo mismo debería de aplicarmelo...
Me gusta mucho como escribes guapa.
Un saludo y veo que Manolillo y tu dialogais en mi blog.
Cuidate
Imagino por la desgana y el hastío que estas pasando...
No te des prisa...volverá pronto a fluir... no puedes evitar ser como eres y tampoco las palabras te evitarán constantemente, a tí no.
Te esperaremos.
Hola Alejandro.
Enhorabuena por tu último poema.
Gracias por tu comentario alentador, te aseguro que alargo el oído para captar las palabras, pero no puedo oír nada. No quiero cancelar este blog porque quizá en cualquier momento se haga el milagro, pero por el momento tendré que esperar.
Pido disculpas a todo el que se adentra en mi página y no encuentra mas que silencio, no se me ocurre otra cosa que decir.
Un abrazo muy fuerte.
Gracias, Luis, por tus palabras y gracias también por tus estupendas críticas sobre libros. Siento haber tardado en contestarte. Tengo el blog muy abandonadito.
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