26/09/2009

UN DÍA DE FURIA





Hace unos días al bucear entre mi correo electrónico detecté un mensaje mandado por mí a algunos amigos y familiares cuya lectura me transportó a los días adversos previos a su realización. El mensaje data del 31 de marzo del 2008.


"Hola! Al fin todo correcto después de seis largas jornadas de pruebas fallidas. Ya tengo internet y teléfono. No obstante, la tarde de ayer fue una pesadilla. Amenacé a los técnicos con darme de baja al no entender porqué no me mandaban un profesional por segunda vez, en vez de hacerme los diez mil metros lisos desde la habitación donde tengo el ordenador hasta el salón, dependencia en la que se encuentra el router. El técnico de turno me solicitó paciencia. “Siga usted los sencillísimos pasos que le doy para la conexión de su instalación de ADSL…” Tecleé una clave de veintiséis dígitos cuarenta veces en la pantalla de mi personal computer, como no la aceptaba la comprobé otras cuarenta, y de aquí allí, de allí aquí, y agáchate que no lo veo bien, ¡Javi, ayúdame que no puedo sostener el móvil a la vez! El gilipollas de la compañía de teléfonos, que apenas me entendía, ni yo a él, pues no se qué acento extraño tenía, me pedía ejecutar cosas de las que nunca había oído hablar, como si fuera lo más normal del mundo. Y claro, al no haber entendimiento sentí todo el peso de la impotencia y de la ignorancia sobre los hombros y me acordé del maldito sudaca ex combatiente en Irak y Kosovo, paracaidista, entrenado para matar a una persona de sesenta maneras diferentes (todo esto fue lo que me contó el profesional enviado a casa por la compañía) pero que no fue capaz de hacerme como Dios manda, una, se supone, sencilla instalación de internet que están realizando a todas horas. Me entraron ganas de llorar, “¡Porqué siempre me pasa esto a mí! ¡Si todos tienen internet menos yo, y una vez que me decido...! Los niños se pegaban por una DS sin dejarme oír claramente al técnico. Entonces me acordé de la película "Un día de furia" protagonizada por Michael Douglas, en la que se lía a tiros por toda la ciudad harto de que le tomen el pelo. Como consecuencia los proyectiles salieron de mi boca impulsados por una sorprendente potencia y a mi interlocutor no se le ocurría otra cosa que decir: "Señora María Francisca, por favor, no hace falta gritar." Algo que me pareció el colmo de la estupidez, por lo que evidentemente le colgué el teléfono.
Más calmada ya, volví a llamar otra vez al 902 correspondiente esperando oír otra voz parecida a la anterior, con seguridad, extranjera. Y cuál fue mi sorpresa al escuchar una dulce voz femenina sin el disfraz de ningún acento, que me explicó todo como se debía haber hecho desde el principio, dejando a la altura del barro a todos sus gañanes compañeros de trabajo. Tan agradecida quedé al ver la pantalla del monitor ostentando la página de Google que me despedí al punto sumisa, al punto deseosa de demostrar mi devoción aún sabiendo que no existían las palabras que expresaran el alivio tan grande que sentí en ese momento.
Señorita, le beso los pies"

19/09/2009

ALMENDRAS AMARGAS

fotografía del fhurerbunker



A casi nueve metros y medio de profundidad
por debajo de mí
desciendo hasta el submarino
encallado en las minas de oro
Miro por un ojo de buey:
Con hermosos vestidos Eva Braun y Magda Rietschel
brindan con champán francés.
En el mantel de hilo blanquísimo un gran ramo de rosas
y dos cápsulas de cianuro vacías.

Primavera de 1945,
Berlín es tomado por un leve aroma
de almendras amargas.
La ciudad y yo caemos.

10/09/2009

HERMANO LOBO




Somos hermanos porque vivimos en la misma isla.

El domina los alcores de la poesía,
recorre mil veces el hielo de la playa con la esperanza de encontrar una presencia, una manada.

Nos reconocemos el uno al otro,
Me inquieta su eterno vagar,
por eso medito a menudo ante la silueta que aúlla bajo la luna.

Estamos solos, ambos lo sabemos.
A veces tengo tentaciones de dejarle pasar al interior de mi cabaña, nos haríamos compañía. Pero es un lobo, y sé que al menor descuido me mordería.

Desconozco lo que sabe de mí.

Intuyo que ha adivinado que oculto un rifle junto a la chimenea.


“¿Qué ocurre cuando se nubla el cielo? ¿Se vuelven locos los girasoles?”(Esta frase quedó flotando en el aire después de su partida)
El mismo día en que llegó se le cayó al suelo el frasco de perfume, fue como un presagio, pues en el lugar donde había llegado no le haría falta.
Alejandro Pastor pasó unos días conmigo. Bebimos cerveza, engullimos helado con cuchara grande y hablamos de poesía.
Escribió en el patio de mi casa.
Hicimos footing escoltados por los soldados asiáticos del verano. Por momentos se me olvidaba que era mi hermano y sólo veía al poeta. Le miraba correr por delante de mí. Me pregunté si alguna vez dirán, “el poeta Alejandro Pastor pasaba largas temporadas en la finca de su hermana.”Pero en otras ocasiones no veía más que a un hermano que apenas conozco. No deja de sorprenderme que quiera visitarme. Es valiente, yo hace tiempo que tiré la toalla.

07/07/2009


A lo mejor era tu cuerpo lo que me unía a tí
y no algo más abstracto.
A lo mejor imaginé todo lo demás.
(Miriam Reyes)

Estuve allí;
La ciudad donde la juventud se nos embarcó en el último bateau mouche del atardecer,
la vimos alejarse entre las aguas grises, tras los remolinos espumosos de su estela
mientras capturábamos el momento en una cámara de fotos
sobre le pont- neuf.

Estuve allí,
porque más tarde, ya de noche, incidimos por las avenidas como estrellas fugaces,
ahora en Pigalle, enseguida en Neuilly…
a bordo de aquel deportivo rojo que Mario conducía haciendo de cicerone.
Vosotros hablabais de coches y motores,
yo intentaba traducir el “come toi”, de Jean Jacques Goldman.
Directos al Trocadero…,
donde la mitad del mundo ha contemplado el amanecer.


Mas aquella noche estaba nublado
Las gotas, como un funesto presagio, impactaron en nuestras caras con la fealdad de cientos de escupitajos
Recuerdo a la gente correr a guarecerse en el pórtico,
el viejo carrusel cerrado y tapado con plásticos quedando solitario bajo la lluvia
Por eso cada vez que pienso en París yo estoy allí,
mi figura difuminada y gris, pero ciertamente allí.

Lo más terrible de todo esto, es saber que nunca te amé,
que no dejé huella en ningún sitio, ni los sitios dejaron huella en mí.
Que mi paso fue leve, gravitatorio,
aunque la imagen fluya prisionera en los espejos del recuerdo

Por eso sé que estuve allí…
Incluso podría parecer, forzando el cajón de las concesiones
que no estuve jamás en París.

Pero sí estuve.

22/06/2009

RAFAEL LUNA




Poesía en el Candy Warhol


Rafael Luna presenta su poemario “Oído de ciego, corazón insumiso”.
Con Pepe Montero y Javier López Clemente en la lectura de los versos


El próximo jueves 25 de junio a las 21: 30 hen el Candy Warhol, calle Bolonia, 28

12/06/2009

ENAJENACIÓN PROFÉTICA



He tenido una visión, un ramalazo visual consistente en imágenes superpuestas, fotografías de un tiempo futuro. He aquí lo que he visto. Fijaos bien: Son negros, con marcos y adornos plateados, de líneas rectas, minimalistas, mimetizados en la decoración, un tesoro al alcance del capitalista, coltán, coltán y más coltán, pequeñas manos arrancándolo para que yo sea la puta ama del mundo, la puta ama de nada, la cotidianeidad de lo virtual, muchas vidas apagándose para ello, explotación silenciosa… Y esta es mi visión. Estoy por la noche en el salón de mi casa, la tele puesta sin sonido, el ordenador portátil abierto, he trabajado con él un buen rato hasta que los ojos me han empezado a molestar, el móvil descansa en la mesita frente a mí, el dvd marca las ¡0:002! ¡0:02! ¡0:02! Empieza a faltarme el aire, no puedo respirar bien, intuyo una amenaza que no puedo ubicar, dígitos hipnóticos saltan, resaltan sobre el negro de la pantalla de cristal líquido incrustándose en mi cerebro, ¡¡son las 00:03!!, ¡¡las 00:03!!, ¡¡ las 00:03!! Flota en el ambiente una presencia, energía negativa soterrada en alguna parte, la televisión me eriza la piel, siluetas borrosas salen de la pantalla extendiendo una red digital terrestre que sube ahora por mis piés, me pongo de pié e intento matarla con el mando pero no me es posible, el dvd no deja de llamar mi atención, comienza a tragarse todo, me quita las ideas, las hace desaparecer, tan mosquita muerta, con sus números encendiéndose y apagándose, ¡¡son las 00:04!!, ¡¡las 00:04!! ¡¡las 00:04!! El ordenador portátil me amenaza moviéndose con furia, enseñándome los dientes sucios, me escupe letras, la radio me sorprende, esgrime los cascos que utiliza como inesperados látigos, el móvil emite ondas cancerígenas a mi útero, los cables negros salen por detrás de los aparatos, me rodean trasmitiéndome corriente, estirando cada uno por un flanco en la piel roja allí donde me cercenan, descargan sus enchufes disparados como flechas, lanzándolos como fieras… la histeria del colectivo electrónico… Puedo ver mi sangre verde fosforito, se ha digitalizado, los cables tiran de mí, me escuece, me sale sangre verde, los ojos se me salen de las órbitas, soy una luz intensa que se apaga y se enciende, una bombilla humana, una linterna emitiendo haces de de luz a través de las fosas nasales, mis dedos se mueven compulsivamente sobre un teclado invisible, sistema binario, cortar y copiar, las siluetas borrosas se deslizan por mi piel, los cables se retuercen, sádicos se enfurecen todavía más, hasta el golpe final, hasta el toque de gracia en forma de cortocircuito, una pequeña chispa seguida de otras más grandes, un relámpago atravesándome de cabeza a pies, un colapso asestado por la ingeniería asesina, mi cuerpo humea, mi pelo se quema, los pezones carbonizados apuntan hacia el televisor que aún me sostiene con sus cables por la cintura, mi columna vertebral doblada sobre sí misma, orgía mesiánica, lametones de corriente alterna, porcentajes de deudas pedidas desde el centro de una mina. Inmolación completada.


La visión acaba aquí, hubiera acabado mucho antes si no la hubiera escrito, si la hubiera dejado esfumarse como otros tantos pensamientos, si no la hubiera capturado para vosotros, o quién sabe, para mí sola, antes de que se volatilizara y no volviera a acordarme de ella. Quede aquí registrada.

25/05/2009

SHADOW OF YOUR SMILE




Plaza de España. Son las 9:10. Camino rápido por la ciudad. Cruzo en rojo esquivando peatones. La mañana huele a cañerías atascadas y CO2 conformando un aire oxidado difícil de respirar. El cielo gris plomizo amenaza con descargar su acidez sobre el gran hormiguero que constituye el centro de la urbe. Escucho por los cascos de la radio que “ella”, la divina” ha sido una de las voces más contundentes del jazz estadounidense. Un experto alaba su calidad vocal distinguiéndola entre otras grabaciones de sus contemporáneas. “Difícil de superar”, me digo, pues pienso en Ella Fitzgerald o Nina Simone. Una mujer sacude una alfombra en la ventana de un edificio de la calle Don Jaime, justo encima de donde yo paso. Me cago en todos sus muertos utilizando mi propio lenguaje interior. Estornudo estrepitosamente. Van a emitir un trocito de una de sus canciones, “Shadow of your smile”, dice el locutor cuando paso por la plaza San Pedro Nolasco. Suenan las primeras notas de la canción. Miro hacia donde siempre miro cuando paso por aquella plaza, pero el “París Gallery” ya no está y esto hace que se acreciente en mí una punzante sensación de orfandad. ¿Dónde estará ahora su camarero, aquel hombre bajito con un bigote menudo como hecho a medida? Ahora, en su lugar, hay un restaurante con decoración vanguardista del que nunca me detengo a constatar su nombre. En un bordillo aledaño duerme un vagabundo que tiene mi misma cara. Enseguida la voz rasgada de la cantante actúa como un sedante directo en las venas. Veo una aguja que recorre los surcos de un viejo disco conocido. Desciende mi ritmo cardíaco. Sorteo el puesto de bicis de alquiler y a algunas palomas que se cruzan en mi camino. Alejo los recuerdos como puedo. Espanto a las palomas dando un zapatazo. Pero ya es tarde para mí. El swing de Sara Vaughan planea como una sombra sobre la calle San Vicente de Paúl. No llueve, pero lo parece. La tristeza se cruza conmigo, me mira a los ojos y desaparece en el interior de la tienda de flores de plástico. Sigo mi camino. La canción ha cesado. El océano ha terminado de colarse por la alcantarilla sobre la que paso. Son las 9:15. Han pasado cinco minutos de sombras por mi sonrisa.